Senado: la “resistencia activa” de Villarruel provoca cada vez más encontronazos con Bullrich
En el Gobierno aseguran que la vicepresidenta busca obstaculizar las iniciativas en la Cámara alta; la pelea con los hermanos Milei, cada vez menos disimulada.
Por Gustavo Ybarra / LA NACION
La ruptura de relaciones entre Victoria Villarruel y los hermanos Javier y Karina Milei no es ninguna novedad, pero la disputa interna ha escalado en las últimas semanas a una nueva fase, en la que la vicepresidenta decidió tomar un rol activo y ya no muestra reparos en obstaculizar la tarea de la jefa del bloque oficialista en el Senado, Patricia Bullrich.
La “irónica” presentación de la secretaria general de la Presidencia, del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y del ministro del Interior, Diego Santilli, que hizo Villarruel en la madrugada del jueves en pleno recinto, cuando los funcionarios se ubicaron en uno de los palcos de la Cámara alta para presenciar la aprobación de la reforma laboral fue, apenas, la frutilla del postre.
En lo que ya es una guerra declarada, como respuesta Karina Milei le dedicó una profunda mirada de desprecio a la vicepresidenta que sólo viró por un atisbo de sonrisa unos segundos después, cuando la hermana presidencial entendió que todas las cámaras estaban enfocadas en ella.
El episodio fue el corolario de tres semanas en las que los cortocircuitos con Bullrich, como representante de la Casa Rosada, estuvieron a la orden del día.
El responsable de este giro en la estrategia de la vicepresidenta es Mario “Pato” Russo, director de asesores que desde mediados del año pasado sigue a sol y a sombra a Villarruel y que se convirtió en su principal asesor político.
Peronista tradicional y enfrentado a muerte con Milei, del que supo ser asesor en los inicios de la carrera política del ahora Presidente, es un secreto a gritos en el Senado que Russo es quien le aconsejó a Villarruel abandonar el papel de “víctima” de los ataques del Gobierno, comandados por Santiago Caputo desde las redes sociales, y tomar un rol más activo de enfrentamiento ideológico con la Casa Rosada en el que no faltan gestos de coqueteo con el PJ, como la foto del fin de semana con el gobernador riojano Ricardo Quintela.
La irrupción de Russo y sus ideas terminó por inclinar la balanza en contra de la postura de algunos allegados al entorno de la vicepresidenta, que apostaban por recomponer relaciones con el Gobierno. Uno de los principales integrantes de ese sector de “palomas” es el director general de Seguridad, Claudio Gallardo, un militar retirado que lleva años como fiel colaborador y asesor de Villarruel.
Aunque en su mayoría son jugadas subterráneas, como la demora de casi dos semanas en firmar la integración de comisiones reclamadas por Bullrich para apurar el tratamiento de los proyectos que se discuten en las extraordinarias de febrero, con la llegada al Senado de la exministra la vicepresidenta decidió convertir su enojo en resistencia.
Si bien no comparten su conducta, algunos funcionarios libertarios de la Cámara alta se muestran comprensivos con la conducta de Villarruel. “Patricia es una máquina de ir para adelante”, explican, y el trámite de la reforma laboral parece darles la razón. “Además -agregan-, Villarruel quedó completamente desdibujada con el desembarco de Bullrich”.
En el marco de su resistencia activa y en medio del debate de la reforma laboral, la vicepresidenta organizó una reunión con la cúpula de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Nación, que intentaba por esas horas evitar que el convenio por el traspaso del fuero laboral a la Ciudad, firmado entre la Casa Rosada y el gobierno porteño, fuera ratificado por el Senado.
El encuentro fue tan intrascendente como inútil para los jueces. “Fueron a golpear la puerta equivocada”, comentó un legislador de la oposición dialoguista, que se enteró de casualidad de la gira de los magistrados por los pasillos de la Cámara alta. En el oficialismo acusan a la vicepresidenta de haber armado la reunión. Suena extraño si se tiene en cuenta que nadie de la presidencia del Senado se encargó de promocionarla.

Así, sin difusión por parte de Villarruel, que sigue con su extraña política comunicacional de no informar ninguno de sus movimientos y sólo usar las redes sociales para difundir actividades, la reunión pasó desapercibida y no tuvo efecto alguno, ya que Bullrich logró incorporar el convenio como un artículo de la reforma laboral.
A propósito del convenio Nación-Ciudad se registró otro de los tantos cortocircuitos que vienen protagonizando Villarruel y el oficialismo en la figura de la exministra de Seguridad y ahora jefa de la bancada libertaria en el Senado.
Ocurrió el martes, casi al final de la reunión de Labor Parlamentaria, cuando la vicepresidenta le echó en cara a Bullrich la responsabilidad de la publicación de un tuit de un periodista en el que se la acusaba de “demorar” el traspaso de la justicia y de complicar la aprobación de la reforma laboral.
La situación incomodó a la mayoría de los senadores presentes, con excepción de los kirchneristas, que disfrutaban del espectáculo. Sin levantar la voz, Bullrich negó cualquier vinculación con la publicación. “Victoria se equivocó feo; estaba claro que la información del había salido de la Casa Rosada y no del despacho de Patricia”, le dijo a LA NACION uno de los legisladores presentes, que desde hace tiempo viene sosteniendo que Villarruel juega en contra del Gobierno en el Senado.
El incidente de Labor Parlamentaria se había sumado a la tensión generada cuando Villarruel le hizo saber a Bullrich su enojo porque la habían dejado afuera de las negociaciones por la reforma laboral, algo que consideraba una falta de respeto a su investidura. Por esa razón, el lunes de la semana pasada el secretario Parlamentario, Agustín Giustinian, fue invitado a participar de la reunión con los bloques dialoguistas.
En el Senado, el nivel de pelea interna oficialista no deja de sorprender a muchos y cada vez son más los senadores que señalan el nivel de inmadurez y se quejan por la forma de los planteos de la vicepresidente. “Parece una adolescente caprichosa”, se lamentó un legislador libertario que siente aprecio por Villarruel, pero al que le duele verla encapsulada en esta postura.