El intendente entregó equipamiento a las escuelas deportivas municipales
¿Se puede gobernar la Argentina republicana sin congreso y sin gobernadores?
Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
Sin duda la euforia de las últimas dos semanas y las declaraciones públicas del presidente Milei apenas arribado al país, mantienen activa a toda la política argentina a la que se sumó esta semana Cristina quién se agregó al discurso de opositores duros con un documento que seguro ningún argentino leyó y que tampoco vale la pena leer. A ello se agregan opositores dialoguistas heridos y nostálgicos por la ley ómnibus que no fue y la acusación de coimeros, gobernadores desesperados que no saben cómo cerrar los números y hasta una posible coalición de gobierno con el expresidente Macri que según ambos es casi inexorable pero que genera muchísimo miedo en ambos entornos políticos.
Este nuevo contexto si quisiéramos ordenarlo desde el punto de vista político se resumiría en una Argentina democrática, republicana y federal sin congreso y sin gobernadores. En efecto, Milei dinamitó hace menos de dos semanas el diálogo parlamentario en el Congreso de la Nación y continúa distanciándose de la mayor parte de los gobernadores de nuestro país sin distinción de ideologías políticas, acusándolos de gastadores seriales y delincuentes en complicidad con diputados que se opusieron a la ley ómnibus en defensa de las cajas de la política.
Sino estuviéramos en la Argentina, cualquier analista político estaría anunciando una inminente guerra civil o un golpe de estado, pero gracias a Dios vivimos en este hermoso país donde todo es posible incluso un presidente de las dimensiones de Milei. Acaso no tuvimos a Fangio, Maradona o no tenemos a Messi.
Para calmar nuestra ansiedad debemos reconocer que en la Argentina los liderazgos sensatos nunca funcionaron. Los únicos exitosos fueron históricamente los que plantearon una posición de extrema dureza y siempre generando un conflicto contra otro sector como enemigo. La famosa grieta en terminología inventada por Jorge Lanata. Desde el mismo regreso de Perón en la década del 70 a partir del liderazgo de quién venía a pacificar a los argentinos y concluyó con un golpe de estado, le sucedieron apenas regresó la democracia en 1983 el liderazgo moral de Alfonsín, que nos hundió en la peor crisis hiper inflacionaria para desembocar luego en el cínico liderazgo de Menem de la revolución productiva para concluir con nuestra última experiencia de un liderazgo extremo, del “venimos por todo” de Néstor y Cristina.
Milei sabe esto y tiene el plan de gobernar solo apelando a las fuerzas del cielo como opción ideológica, donde no hay espacio para una lógica de negociación incorporada en su forma de gobernar. Diría Malamud, Milei es un presidente plebiscitario. Se mueve traccionado por los votos, pero no es un demócrata republicano. Él sabe mejor que nadie que tiene poca gobernabilidad en una república democrática y federal. Como contrapartida juega con fuego y dinamita todos los días. El mismo bajó la mega ley, prefiriendo que todo lo que salga mal sea por culpa de la casta y del sindicalismo. Eligió pelearse con la política y los gobernadores utilizando al corazón de la corrupción política, “LOS FIDEICOMISOS”, que hace años es la gran caja de la política. Son 29 fondos fiduciarios públicos que manejan entre 8 mil y 10 mil millones de dólares sin control del Congreso en el presupuesto. Nadie sabe en qué se gasta, quiénes lo gastan y ni siquiera sabemos qué empleados tienen o quiénes son sus administradores, abarcando todo: construcción de viviendas, infraestructura hídrica, integración socio urbana, manejo del fuego, estabilización del trigo, desarrollos provinciales, recuperación de la actividad ovina, fomento de la agroindustria y la economía del conocimiento hasta la asistencia a víctimas de trata de personas. No hay curro o gasto superfluo que no cuente con un fideicomiso para financiarlo. Con este caballito de batalla acusa a la política y a los gobernadores justificando la motosierra, la licuadora y prometiendo fuego a discreción.
Todavía no se apagó el incendio de la quita de los subsidios al transporte y ya les anunció a los gobernadores que no pagará a las provincias el Fondo de incentivo docente a días del comienzo de clases ni tampoco llamará a la paritaria nacional. Él sabe que el FONID se venía prorrogando por decreto y no por ley y su último vencimiento operó en diciembre de 2023. Sin paritaria docente nacional y sin prórroga del fondo, no hay obligación de Nación para sostener el salario mínimo docente que se ubicaba en $ 250.000,00. Varias provincias utilizaban el FONID para cubrir ese costo salarial –Catamarca, Chubut, corrientes, Jujuy, la Rioja, Misiones, Santiago del Estero, etc.- Hay gobernadores que pagaron el último mes de enero con fondos provinciales exclusivamente porque pensaron que le serían compensados, pero no ha sido así y ahora ya saben que no ocurrirá en lo sucesivo justo frente al inicio de las clases.
El liderazgo de Milei cada vez tiene más conexiones con lo que dejamos atrás. Se parece más a Cristina que cualquier otro dirigente de Unión por la Patria. Prefirió la derrota total a una victoria parcial democrática. La casta me impide gobernar. Mi pueblo es único -por más que no supere el 56%- y es el verdadero y la confrontación es todo. Y lo peor que el odio puede confundir tanto que todos ingresamos en su lógica y nos comenzamos a ubicar de un lado y otro lado de la nueva grieta.
En el medio de tanto ruido, aparece la noticia de un acercamiento de Milei con el Pro a partir de los diálogos de éste con el expresidente Macri donde a juicio de ambos el acuerdo es inexorable pero los dos entornos tienen más miedo que sus líderes, que en el caso de los simpatizantes y dirigentes del Pro están centrados en los modos del presidente Milei y no con el acuerdo con las propuestas de cambio que eligió la mayoría de la sociedad. No sería una coalición de diálogo sino de una verdadera coalición de los conversos. Si bien no hay mucha resistencia para el Pro los radicales no quieren ser mileistas. Saben que perderían la poca identidad que les queda. Por eso Milei solo respeta a dos presidentes. Macri y Cristina. Ambos son nítidos, en cambio los radicales nunca lo fueron. ¿Que será de ese espacio del medio que no solo tendrá representación parlamentaria, sino que seguramente se traducirá en un espacio de opinión ciudadana aun cuando imaginemos de una magnitud escasa en un país gobernado por la grieta?
Toda esta nueva coalición política tal vez permita nuevamente abrir el Congreso, pero todavía queda reestablecer la relación con los gobernadores que manejan con más comodidad el Senado. Ahí todavía peligra el famoso DNU que espera una sesión pedida por la oposición que cree tener número suficiente para voltearlo.
El federalismo argentino fue la única fórmula que permitió alcanzar la paz y poder conformar una nación. Aunque imperfecto, injusto y hasta insostenible y responsable del retraso de una parte del país permitió la aparición de la Argentina. Hoy Milei como en 1990 tomó la decisión de solucionar los problemas de la Nación a expensas de las provincias creando una enorme tensión, aunque también es cierto que los gobernadores confundieron vocación de diálogo con “debilidad” y justo la discusión se desató en los famosos fideicomisos.
Para entender la gravedad de la guerra declarada, el 37% de los asalariados registrados de nuestro país, trabajan para el Estado sea nacional, provincial o municipal. Sin embargo, ese porcentual llega a 70% en Formosa, 67% en La Rioja, 65% en Catamarca, 61% en Santiago del Estero, 59% en Jujuy, 56% en Chaco, 55% en Misiones, 52% en Corrientes o 50% en San Luis.
En la Argentina la economía no registrada llega 45,5% pero en Chaco asciende al 64%, Salta 61%, Jujuy 60,4 % y en 13 provincias de las 23, el empleo público supera al empleo privado formal.
Esta triste realidad se incrementa al analizar la relación entre coparticipación federal que reciben las provincias y lo que ellas aportar al PBI. Las provincias que más coparticipación reciben en relación con lo que aportan son las provincias que más empleo público tienen. Es decir, en vez de ayudar u obligar a desarrollarlas solo sirvió para que el empleo y el Estado crezca.
Este calamitoso contexto se completa con otro dato no menos alarmante: la mitad de los argentinos no trabaja. Hay 7 millones de personas inactivas en edad de trabajar y 1,5 millones de desocupados y de la mitad que si trabajan están en informalidad.
Para que se entienda, ajustar a las provincias, aunque resulte sano desde el punto de vista fiscal significa ajustar directamente a sus habitantes de modo que lo único que realiza Milei es apurar la caducidad de la luna de miel de los gobernantes inaugurales. Tal vez es hora de la discusión de un nuevo pacto fiscal donde Nación y provincias eliminen gastos y aseguren equilibrio fiscal pero también aseguren un funcionamiento del estado para bien de los ciudadanos que viven en ellas, que necesitan caminos, infraestructura, salud, educación, seguridad y justicia.
Es cierto que a Milei le esperan meses dificilísimos donde debe exhibir resultados. Sabe que, si los supera no lo para nada ni nadie, pero también sabe que sino lo consigue todo peligra. Hasta ahora las mejoras fiscales se obtuvieron con la licuación del gasto y sentándose sobre la caja. Es simple si el trabajo sucio lo hace la inflación y no le pago a nadie, pero es insostenible en el tiempo.
El liberalismo político es una técnica para limitar el poder del Estado y la democracia es un sistema que intenta la inserción del poder popular en el Estado. Uno se ocupa de las formas y el otro del contenido. De esa estrecha unión nace la democracia liberal. Todavía Milei está muy lejos de ser un demócrata republicano.
