Rusia aumentará el número de efectivos militares. Apreciaciones sobre la guerra y más allá
Por Alberto Hutschenreuter
Doctor en Relaciones Internacionales. Ha sido profesor en la Escuela Superior de Guerra Aérea, en la UBA y en el Instituto del Servicio Exterior (ISEN). Su especialidad es la geopolítica. Su último libro, publicado por Editorial Almaluz en 2023, se titula «El descenso de la política mundial en el siglo XXI. Cápsulas estratégicas y geopolíticas para sobrellevar la incertidumbre».
Recientemente el presidente Vladimir Putin emitió un decreto por el que elevará el número de efectivos de las Fuerzas Armadas en 180.000 más, llegando así a casi 2.4 millones para fin de año. De esta manera, Rusia se convertirá en el país con mayor cantidad de soldados.
Si bien la medida está estrechamente asociada a la situación de guerra en la que se encuentra Rusia en Ucrania y en su propio territorio (Kursk), podemos realizar algunas apreciaciones más amplias sobre su significado.
En primer lugar, sobre la misma guerra, es decir, la confrontación se prolongará al menos hasta 2025, pues la misma ha ido tomando un carácter cada vez más irreductible, es decir, se dificultó más la posibilidad de salir de ella, pues Rusia no sólo se ha adaptado tras casi mil días de guerra, sino que se ha afirmado en las provincias del este y sur de Ucrania, las que unilateralmente han sido integradas a la Federación como «Nuevas Regiones».
Por su parte, la asistencia financiera y material occidental a Ucrania asegura que la guerra entre los dos pueblos eslavos continúe prácticamente sin obstáculos que la detengan. Es cierto que Ucrania tiene que ser apoyada ante el acto de fuerza de Rusia en 2022; pero todos saben que será prácticamente imposible expulsar a las fuerzas rusas del país, de hecho, ningún escenario lo contempla.
Por tanto, acaso la adopción de un plan realista basado en una diagonal que «compense» geografía y geopolítica, es decir, Ucrania dentro del marco de protección de la OTAN, y Rusia en el Donbass, posibilite la salida, aunque es complejo porque ello significaría aceptar la transgresión del derecho internacional por parte de Rusia, más allá de las demandas de este país en relación con la transgresión del principio de indivisibilidad estratégica por parte de la OTAN, como así del enfoque militar ruso sobre las restricciones geopolíticas que «deben observar» las ex repúblicas soviéticas toda vez que consideren políticas que pongan en riesgo el interés geopolítico nacional de Rusia, por ejemplo, si optan por ser (eventualmente) parte de alianzas políticas-militares hostiles con Rusia.
Por otro lado, el incremento de efectivos decretado por la presidencia rusa refuerza una situación que aumentará y se mantendrá por mucho tiempo.
Nos referimos a la acumulación militar a cada lado de la línea que separa a la OTAN y Rusia, una línea o nueva cortina estratégico-militar que se extiende desde el norte de Finlandia, cuya membrecía en la Alianza extendió en cientos de kilómetros la frontera de la OTAN con Rusia, hasta la extensa costa turca en el Mar Negro.
Sin duda, aquí se está levantando una de las zonas de tensión más altas del mundo, con capítulos geopolíticos que concluyeron con victoria de la OTAN; concretamente, el Báltico, un «OTAN Lake» que profundizó la tradicional sensación rusa de encierro territorial, siendo Rusia un poder terrestre mayor.
Otra reflexión nos lleva a Europa, uno de los «no ganadores» en esta guerra, pues se trata de actores sin fuentes de energía y sin geopolítica propia, carencias que la guerra lleva a Europa no sólo a continuar dependiendo estratégicamente de Estados Unidos, sino también energéticamente, sobre todo Alemania, el actor que, salvo en las guerras mundiales, siempre, desde la fundación del Reino de Prusia, mantuvo buenas relaciones con Rusia, con la que Bismarck recomendó mantener siempre buenas relaciones.
Finalmente, el cuarto significado que podemos considerar en relación con el incremento de efectivos está asociado con la continuidad del «desorden internacional confrontado», esto es, la peor situación dentro de un desorden internacional: que las potencias de clase mundial se encuentren enfrentadas, ya sea de un modo latente o indirecto, como sucede entre Occidente y Rusia, o en estado de discordia extensa (por la cantidad de temas cruzados) como ocurre entre Estados Unidos y China.
En breve, se pueden pensar varias cuestiones a partir de la decisión tomada por el Kremlin. Desafortunadamente, ninguna nos proporciona por ahora una tenue luz en la oscura noche.
