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 Reforma laboral: Todos mienten. Vos también
Columnistas Sergio Mammarelli

Reforma laboral: Todos mienten. Vos también

1 febrero, 2026


Por: Sergio Marcelo Mammarelli

Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut

1. Introducción: Una farsa en horario central

Como en todo buen culebrón argentino, la reforma laboral tiene buenos, malos, traidores… y espectadores que no entienden el guión. El Congreso se prepara para debatir una supuesta modernización del sistema laboral, mientras la opinión pública se divide en bandos futboleros: los que «están con el gobierno» y los que «no lo quieren», sin detenerse un segundo a revisar qué se está discutiendo en realidad. Empresarios, sindicalistas, gobernadores, bloques parlamentarios negocian como en una timba. Y los trabajadores, los reales, los de a pie, ni siquiera fueron invitados al circo.

La reforma laboral que se impulsa no tiene como objetivo central mejorar las condiciones del trabajo ni resolver el flagelo de la informalidad. Como advirtió la OIT en su «Panorama Laboral 2023», las reformas que buscan aumentar la «flexibilidad» sin una red de protección social tienden a generar más precariedad, no más empleo digno. Pero aquí vamos otra vez: una discusión entre cúpulas que venderán sus pactos como un avance histórico.

2. La obsesión empresaria: despedir barato y pagar menos

El «costo laboral» es el cuco de siempre. El empresariado nacional no quiere pagar menos porque no pueda, sino porque no quiere cargar con responsabilidades colectivas. Su prioridad, expresada sin pudor, es doble: despedir sin consecuencias judiciales y pagar lo menos posible en cargas sociales. Como dice el jurista italiano Luigi Ferrajoli, «una democracia sin garantías laborales es una democracia de baja intensidad». En nombre de la eficiencia, se pide impunidad.

El modelo que se plantea para reemplazar la indemnización por despido -como el fondo de cese laboral tipo UOCRA- pretende transformar al trabajador en una póliza. La relación laboral deja de ser un vínculo jurídico para convertirse en un contrato de riesgo: si te despido, ya está cubierto. Pero como bien indicó el laboralista argentino Julio Neffa, «la función social del trabajo no puede ser reemplazada por lógicas actuariales.»

3. El “costo laboral” que no es laboral

El gran malentendido deliberado: lo que se llama «costo laboral» incluye aportes que NO son estrictamente laborales. Se trata de contribuciones a la Seguridad Social: jubilaciones, salud, asignaciones familiares. Reducir estos «costos» implica asfixiar los pilares del Estado de Bienestar. Lo explicaba él mismo Perón, con brutal claridad: «Donde se debilita la Justicia Social, se fortalece el privilegio».

La pregunta clave: si esos aportes desaparecen, ¿quién paga la salud, la vejez, la infancia vulnerable? ¿Lo hará el Estado con impuestos generales? ¿O se pretende que cada individuo se financie su jubilación y su cobertura sanitaria? Es el modelo libertario de la selva: cada quien sobrevive con su bolsillo. Guy Standing, en «El precariado», lo denunció como el «capitalismo de la inseguridad estructural».

4. La mentira fundacional: que esto formaliza a los informales

«La reforma permitirá formalizar millones de trabajadores». FALSO. El trabajo informal no se formaliza por decreto ni por quitar derechos. Se necesita crecimiento, fiscalización, y políticas activas. Brasil, con la reforma de Temer, prometió lo mismo en 2017. Cinco años después, según el IBGE, más del 40% del empleo sigue siendo informal y aumentaron los subocupados.

La informalidad en Argentina es estructural. Incluye desde cartoneros hasta freelancers con título universitario. No es un problema legal, es económico. Como recuerda Saskia Sassen, «el trabajo expulsado del sistema no desaparece; se reinventa en las orillas de la legalidad». Esta reforma no ataca ese problema: apenas legaliza la precariedad.

5. Sindicatos: guardianes de sus propios privilegios

¿Y los sindicatos? Bien, gracias. Las centrales obreras se oponen a algunos aspectos de la reforma, pero defienden con fervor sus cajas: obras sociales, aportes obligatorios, retenciones automáticas. No representan al trabajador informal ni al desocupado. En muchos casos, ni siquiera al registrado. Como denunció Rubén Giustiniani hace más de una década, «el modelo sindical argentino está hecho para administrar poder, no para ampliarlo».

La reforma no los inquieta por su contenido, sino por su impacto en sus finanzas. El conflicto real no es ideológico, es presupuestario. Se pelean por quién administra el botín. El trabajador, como siempre, afuera del despacho.

6. El Estado: el mayor de los farsantes

El Estado sabe todo esto. Sabe que la reforma no resolverá la informalidad, ni aumentará el empleo, ni mejorará la productividad. Pero necesita mostrar eficiencia ante los organismos multilaterales. Es el precio del aplauso del FMI, del Banco Mundial, de la OCDE. Cambiar algo para que todo siga igual, como en «El Gatopardo».

Como advertía Hannah Arendt, «cuando todos mienten al mismo tiempo, la consecuencia no es que se acepten las mentiras como verdad, sino que nadie cree ya en nada». Esa es la verdadera crisis: no laboral, sino de sentido. La política se ha convertido en una gestión de ficciones.

7. Todos mienten (y vos también)

Todos mienten. Los empresarios, los sindicatos, el gobierno, los opositores. Pero también mentís vos, que creés que esto no te toca. Que total sos monotributista, o independiente, o estás en blanco y esto es un tema de otros. Mentís cuando repetís sin pensar lo que dicen los que tienen micrófono. Mentís cuando decís que no importa.

Esta reforma no es técnica. Es ideológica. Define qué tipo de sociedad queremos: una donde el trabajo sea un derecho o una molestia. Una donde el Estado proteja o se borre. Una donde el mercado tenga límites o se vuelva soberano.

Y si después de leer esto seguís creyendo que es una buena idea… bueno, entonces tené cuidado. Porque la próxima reforma podría ser sobre vos.

Y no digas que no sabías. Estaba en el diario. O al menos, en esta columna.

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