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 Latinoamérica en retroceso estratégico global
Columnistas

Latinoamérica en retroceso estratégico global

24 abril, 2024

Por Alberto Hutschenreuter
Doctor en Relaciones Internacionales. Ha sido profesor en la Escuela Superior de Guerra Aérea, en la UBA y en el Instituto del Servicio Exterior (ISEN). Su especialidad es la geopolítica. Su último libro, publicado por Editorial Almaluz en 2023, se titula «El descenso de la política mundial en el siglo XXI. Cápsulas estratégicas y geopolíticas para sobrellevar la incertidumbre».

Una de las realidades que más atención y preocupación está causando es el retroceso estratégico global de América Latina. Si bien se trata de un dato mayor que viene teniendo lugar desde hace tiempo, la pandemia, la guerra, las altas tasas de interés en Occidente y el menor crecimiento de China y sus cuestiones internas han acelerado la situación hacia un estado inquietante.

En primer lugar, las dificultades de los países latinoamericanos para construir poder nacional o agregado (un vocablo que casi ha desaparecido del léxico de algunos países de la región), es decir, la expansión en cada una de las dimensiones o sectores del crecimiento y el desarrollo, desde el político hasta el energético, pasando por el económico, el tecnológico, el militar, el educacional, el espiritual, entre los principales, es por demás manifiesta.

Por tanto, si existen serias dificultades para construir poder nacional, difícilmente se podrá construir poder regional, es decir, emprendimientos interestatales que provean «masa crítica» que no sólo proporcione mayores posibilidades de inserción global y mejor preparación para afrontar las amenazas (sobre todo frente a la «galaxia» de riesgos del mundo de hoy), sino también un incremento de la deferencia desde afuera hacia la región.

En buena medida, ello explica el fracaso relativo de los esquemas de complementación regional que ayudaron a multiplicar el comercio intrarregional hace ya bastantes años.

Tal frustración habilita (acaso) considerar si en América Latina, o en parte de ella, no se está reimplantado el encono geopolítico que por tantas décadas mantuvo a los países casi como «gladiadores» (para utilizar la palabra de Hobbes), relegando acercamientos que solo fueron posibles con el regreso de la democracia. El dato no deja de ser pertinente, pues, si es efectivamente así, ello significa que también las democracias pueden ser inficionadas o impactadas por la desconfianza, la rivalidad, las intenciones inquietantes entre ellas, etc.

El fenómeno de la “descomplementación” regional creciente no sólo supone recentralización y rigidez de soberanías y fronteras nacionales, sino el casi abandono de aquellos procesos de complementación internacional que habían logrado cierta afirmación, por caso, el Mercosur; pues los dos mayores actores del emprendimiento, Brasil y Argentina, se encuentran gobernados por políticos de signos ideológicos opuestos, lo cual no debería significar demasiado si se mantuvieran políticas de Estado en relación con los vínculos de bloque.

Pero sucede que el nuevo gobierno de Argentina adoptó una orientación exterior netamente occidentalista, decisión que prácticamente echa por tierra el necesario grado de consuno del bloque ante eventuales situaciones internacionales y mundiales, desde conflictos hasta pandemias. pasando por enfoques en relación con áreas de interés común, por ejemplo, el Atlántico Sur, que, aunque aparenta, no es un “océano quieto” en términos geopolíticos y estratégicos. Dicha orientación ha llevado al experto Juan Gabriel Tokatlian a casi afirmar que Argentina está diciendo adiós a Latinoamérica y a “lotes” de países extrazonales que han acompañado al país en la causa Malvinas.

Volviendo al retroceso global de la región, cuando se repasan las principales crisis peligrosas que presenta el “Informe de Riesgos Globales 2024” (publicado en enero pasado), varios de los diez principales riesgos amenazan la región, por caso, polarización social y política, ciberataques, desaceleración económica, desinformación generada por la inteligencia artificial, interrupción de la cadena de suministro de bienes y recursos críticos, etc.

Por supuesto que los riesgos apremian a todos los países del mundo, pero no todos los países tienen el mismo grado de preparación para afrontarlos. Precisamente, en América Latina la “fragilidad” (para usar un término en boga) de los Estados y de la complementación regional los expone más que a otros. Por caso, si bien en muchos Estados latinoamericanos hay emprendimientos tecnológicos importantes, todavía persiste el fenómeno de “arrecifes”, es decir, dificultades para que dichos emprendimientos, a veces muy locales, se incorporen al cuerpo de la seguridad nacional.

Si, como se advierte, el mundo podría estar marchando hacia bloques tecnológicos a medida que se produzcan mayores avances, particularmente en materia de inteligencia artificial, la región, por su insuficiencia de poder, podría quedar sujeta a esa nueva forma de imperialismo tecnológico, es decir, permanecer bajo el orden y protección tecnológica de poderes preeminentes.

Considerando las muy moderas perspectivas de crecimiento económico que estiman el FMI, el Banco Mundial y la CEPAL para Latinoamérica durante 2024, como asimismo las enormes dificultades de los gobiernos para cumplir mínimos del contrato social, las posibilidades de revertir el curso de retroceso estratégico global se ven muy lejanas.

Además, y finalmente, las dificultades económicas y las prioridades globales selectivas de Washington no hacen posible considerar contar con alguna doctrina que pueda traer esperanzas a la región. La pérdida de relevancia estratégica y el desprestigio por las extendidas prácticas de corrupción explican, en buena medida, que oportunidades como la deslocalización de compañías estadounidenses (lo que se denomina nearshoring y friendshorin) de China por cuestiones de la propia rivalidad chino-estadounidense, no se relocalizan, como muy bien señala Andrés Oppenheimer, en territorio latinoamericano, sino que prefieren países como India.

En breve, es compleja la situación de Latinoamérica. China ofrece algunas oportunidades, aunque también desafíos, pero hasta que no se formen verdaderas élites en la región, algo que llevará tiempo, será muy difícil revertir el estado estructural de retroceso.

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