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La población de Chubut creció 210% en medio siglo, pero la meseta pierde habitantes y cambia la estructura social
Especial para InfoSur
Alejandro Jones, magíster en Economía, en diálogo con InfoSur Radio que se emite por 106.1 Petroleros Jerárquicos, inició una serie de análisis sobre la evolución demográfica de Chubut y su impacto en la economía regional. A partir de los datos de los censos nacionales entre 1970 y 2022, el especialista planteó que los movimientos poblacionales permiten explicar muchos de los cambios económicos y sociales que atraviesa la provincia.
El punto de partida es contundente: en poco más de medio siglo la población de Chubut pasó de aproximadamente 190 mil habitantes en 1970 a cerca de 590 mil en 2022, lo que representa un crecimiento cercano al 210%. Sin embargo, ese crecimiento no fue homogéneo dentro del territorio provincial.
En el caso del departamento Escalante —donde se encuentra Comodoro Rivadavia— la población pasó de unas 78.500 personas en 1970 a más de 215 mil en la actualidad. El incremento fue significativo, pero menor al promedio provincial: alrededor del 175%. Aun así, Escalante continúa siendo el departamento más poblado de Chubut y concentra, en promedio, cerca del 37% de los habitantes de la provincia.
Jones explicó que los mayores crecimientos poblacionales se registraron en los departamentos vinculados al desarrollo administrativo y al valle inferior del río Chubut. Rawson, por ejemplo, tuvo un aumento cercano al 325% en el período analizado. Pero el caso más llamativo es el de Biedma, que pasó de unos 7 mil habitantes a más de 100 mil, lo que implica un crecimiento superior al 1.300%.
Este comportamiento muestra cómo el crecimiento poblacional no responde únicamente a factores naturales, sino también a dinámicas económicas, administrativas y de infraestructura que modifican el mapa demográfico con el paso del tiempo.
En contraste, hay regiones de la provincia que experimentaron el fenómeno opuesto. Varios departamentos de la meseta central perdieron población durante las últimas cinco décadas. Languineo redujo su población en un 24%, Telsen en un 25%, Mártires en un 31%, Paso de Indios en un 38% y Gastre en más del 50%. En algunos casos, la cantidad de habitantes actual es menor que la registrada hace medio siglo.
Para Jones, estos datos reflejan una problemática estructural: la falta de oportunidades económicas y de servicios básicos que permitan sostener el arraigo en esas zonas. “Hay lugares donde en 50 años ni siquiera se logró mantener la población. Eso indica que los habitantes migran hacia otros centros donde encuentran trabajo, educación o servicios”, señaló.
En muchos casos, ese desplazamiento se dirige hacia el valle o hacia las ciudades más grandes de la provincia, donde se concentran la actividad económica y la infraestructura.
El análisis también permite observar cómo los procesos económicos influyen directamente en los movimientos demográficos. En Escalante, por ejemplo, el crecimiento poblacional fue muy fuerte entre 1970 y 1991, con aumentos cercanos al 28% en cada período intercensal. Sin embargo, en el censo de 2001 ese ritmo cayó abruptamente al 12%.
Ese cambio coincide con uno de los momentos más críticos de la historia económica argentina. La crisis de fines de los años noventa y el colapso de 2001 impactaron directamente en la dinámica laboral y productiva, especialmente en regiones dependientes de la actividad petrolera.
Jones recordó que la década de los noventa estuvo marcada por transformaciones profundas en el sector energético, entre ellas la privatización de YPF y la reestructuración de la industria hidrocarburífera. Esos cambios provocaron una fuerte reconfiguración del mercado laboral en ciudades petroleras como Comodoro Rivadavia.
“El crecimiento poblacional venía muy alto y de repente se desacelera. La población sigue aumentando, pero lo hace a menos de la mitad del ritmo anterior”, explicó.
Ese fenómeno no solo afectó a Escalante, sino que impactó en el crecimiento provincial en general, dado el peso demográfico que tiene Comodoro Rivadavia dentro de Chubut.
Pero uno de los aspectos más reveladores del análisis surge al observar la estructura por edades de la población. A partir de los censos entre 1980 y 2022, Jones reconstruyó la evolución de la llamada pirámide poblacional, que permite ver cómo se distribuyen los habitantes según edad y género.
En 1980 la estructura demográfica de la región respondía al modelo clásico de pirámide: una base amplia —indicador de alta natalidad— que se iba reduciendo progresivamente hacia los grupos de mayor edad.
Ese modelo, típico de sociedades jóvenes y en expansión, comenzó a modificarse con el paso del tiempo. Para el censo de 1991, la base seguía siendo amplia, pero empezaba a mostrar señales de estabilización. El crecimiento de los grupos más jóvenes ya no era tan pronunciado como una década antes.
En el año 2001 el cambio se volvió más evidente. La base de la pirámide comenzó a estrecharse y la estructura empezó a parecerse más a un “árbol de Navidad”, con menos nacimientos y mayor peso de las generaciones adultas.
En 2010 la transformación era todavía más clara. Las franjas etarias hasta los 34 años mostraban proporciones muy similares entre sí, lo que indicaba un estancamiento en la natalidad. La pirámide tradicional comenzaba a perder su forma.
Para el censo de 2022, la figura ya no puede describirse como una pirámide. Según explicó Jones, la base se achicó notablemente mientras que los grupos de edad media se ensancharon. El resultado es una estructura más parecida a un rectángulo con una parte superior triangular.
En términos simples, significa que nacen menos personas mientras aumenta el peso de la población adulta.
“El centro de la pirámide se ensanchó porque las generaciones que llegaron a la ciudad hace décadas se quedaron aquí y fueron envejeciendo”, explicó el economista.
Este proceso, que en Europa se consolidó durante décadas, comienza a observarse también en regiones como Chubut. Aunque todavía no presenta el nivel de envejecimiento de los países europeos, la tendencia muestra una reducción progresiva de la base poblacional.
Para Jones, este fenómeno tiene profundas implicancias económicas y sociales. La forma de la pirámide poblacional influye en el mercado laboral, el sistema educativo, la demanda de servicios de salud y la sostenibilidad de los sistemas previsionales.
“Estamos frente a un cambio demográfico que explica muchas cosas que pasan en la economía y en la sociedad”, señaló.
El especialista anticipó que este análisis continuará en las próximas semanas, profundizando en temas como natalidad, envejecimiento poblacional, mercado de trabajo y políticas públicas necesarias para enfrentar estos cambios.
La evolución demográfica, concluyó, no es solo una cuestión estadística. Es una herramienta clave para comprender cómo se transforma una sociedad y cuáles serán los desafíos económicos del futuro.