Recuperación histórica: avanza el Astillero de Comodoro y proyecta más
La guerra que se pudo evitar es ahora la guerra que podría detonar
Por Alberto Hutschenreuter
Doctor en Relaciones Internacionales. Ha sido profesor en la Escuela Superior de Guerra Aérea, en la UBA y en el Instituto del Servicio Exterior (ISEN). Su especialidad es la geopolítica. Su último libro, publicado por Editorial Almaluz en 2023, se titula «El descenso de la política mundial en el siglo XXI. Cápsulas estratégicas y geopolíticas para sobrellevar la incertidumbre».
En los últimos días se aceleraron una serie de hechos que podrían llevar a que el nivel de violencia en la guerra ruso-ucraniana se eleve peligrosamente.
El principal de esos hechos fue el triunfo de Donald Trump en las presidenciales de Estados Unidos, pues ello podría implicar el final de la decisiva asistencia estadounidense al gobierno de Ucrania, escenario que, de concretarse, dejaría al país de Europa del este en un estado muy comprometido frente a las fuerzas rusas, las que prosiguen su marcha en el este y sureste del país.
Algunos de los hombres electos que ocuparán cargos mayores en el próximo gobierno republicano no solo son reluctantes a la militarización estadounidense en Ucrania, es decir, al apoyo militar, sino que desprecian la militarización global de la potencia mayor, por ahora el único actor grande, rico y estratégico del mundo.
Lo anterior conduce a la posible derrota de Ucrania; escenario que lleva a una situación peor: la consecuente derrota de la OTAN, una posibilidad casi inadmisible para la alianza política-militar ganadora de la Guerra Fría, la que, por aquello denominado «dividendos de la victoria», siente el llamado de ser el sheriff en un mundo asolado por peligrosos rebeldes violadores de la ley y el orden.
Estos sucesos fueron determinantes para que Estados Unidos (acaso sabiendo que Rusia no responderá con armas atómicas) autorizara a Kiev la utilización de sistemas de artillería de mayor alcance, los conocidos misiles balísticos superficie-superficie ATACMS (Army Tactical Missile Systems) cuyo alcance es de poco más de 300 kilómetros, rango que permitiría a Ucrania atacar blancos en territorio «profundo» de Rusia, algo que puede volverse frustrante ante el inconmensurable dominio de ese país.
Otros hechos son el desgaste que está produciendo la guerra en los países de Europa, el actor «no ganador» en esta guerra fratricida. ¿Por qué no ganador? Por no haber asumido el amparo de sus propios intereses (energéticos, entre ellos) en un conflicto que tiene lugar en territorio europeo; por no haber agotado su principal activo, la diplomacia; y por no asumir la situación desde la geopolítica, es decir, por ignorar o menospreciar la experiencia.
El uso de nuevos sistemas de artillería difícilmente tendrá un impacto decisivo en esta guerra. ¿Qué pueden significar en el Estado continente de Rusia 300 kilómetros? Como señala Henry Kissinger, Rusia aprendió la geopolítica en la dura estepa, por ello, como nadie puede utilizar el territorio para avanzar o para replegar.
El problema no son los ATACMS sino el mayor involucramiento de Occidente en la guerra, situación que podría empujar la misma hacia una confrontación Rusia-OTAN casi directa.
Occidente decide involucrarse más en la guerra no por Ucrania, claro, sino por Occidente mismo, porque sería una catástrofe un escenario de derrota, es decir, un contexto en el que Rusia preserve la geopolítica capturando posiblemente más del 20 por ciento del territorio ucraniano, y lo que resta de Ucrania no marche hacia la OTAN sino hacia una neutralidad reforzada.
Ante semejante escenario, bien se podría pensar que la Unión Soviética perdió la Guerra Fría, pero Rusia ganó la “tardía posguerra fría».
Sin duda se trata de una hipótesis exagerada, pero acaso nos permite considerar lo que está en juego en ella.
Esta guerra era evitable. Ahora podría escalar y provocar una detonación mayor de violencia. Más allá de que el “sangrado” de un rival sea una técnica de poder en las relaciones internacionales, siempre será congruente priorizar un orden o equilibrio entre aquellos que «cuentan» en la política entre Estados. Esta es una lección que mayormente respalda la historia y que deberá ser reaprendida.
Pero hay otro escenario menos pavoroso y es el relativo con que la autorización de Estados Unidos para que Ucrania utilice los sistemas de artillería de precisión (que solo pueden ser guiados por personal entrenado para ello, es decir, por personal estadounidense) podría estar asociada con lograr que las fuerzas de Ucrania refrenen el avance ruso e incluso alcancen un mejor posicionamiento de cara a eventuales y muy complejas negociaciones a partir de 2025.
En cualquier caso, esperemos que la miopía estratégica y geopolítica que llevó a esta guerra innecesaria no acabe por dejar a los involucrados, es decir, a Rusia, Ucrania, Europa y Estados Unidos, en un callejón sin salida.
