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FIGURITAS: CUS D’AMATO
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‘Recuerdo la primera vez que me involucré en lo que llamé una pelea de espera. En el barrio en el que yo vivía, era un barrio bastante duro, te metías en peleas todo el tiempo. Siempre que te enfadaste, peleaste o perdiste el respeto reemplazaste el miedo con la ira.
Pero es diferente cuando tienes la experiencia de esperar, una experiencia que tuve una vez. Vivía en un barrio italiano, y a unas pocas cuadras había un barrio irlandés. Nunca tuve problemas con los irlandeses, me llevaba bien con todos.
Pero luego los vecindarios tuvieron algunos problemas, y ambas partes dijeron: ‘Tú traes a un chico y nosotros traeremos a un chico, y pelearán para resolverlo’. En lugar de que todos peleemos tendremos dos tipos que representen a los vecindarios’. Tenía dieciséis años y los italianos me eligieron.
No estaba enojado con los irlandeses. No estaba enojado con nadie. Pero con tres días de anticipación supe que tenía que pelear con este gran tipo irlandés a las nueve en punto el sábado por la noche. Entonces llega la noche de la pelea, no quería pelear porque este tipo nunca me hizo nada, pero no tuve otra opción.
Todos los chicos italianos y yo salimos a la calle entre los dos barrios y esperamos bajo un gran farol. Llegamos allí, tal vez cinco minutos para las nueve con ochenta o noventa hombres, y los irlandeses debían haber tenido cien, pero su luchador aún no había aparecido.
PALABRAS Y PIÑAS
Un boxeador de Cus es alguien muy fácil de reconocer. Tiene las dos manos muy cerca de su cara, pegadas a la mandíbula, y suele avanzar siempre hacia su oponente, ir hacia él acortando la distancia y haciendo juegos de cintura. Tiene los codos pegados pegados al cuerpo y es capaz de sacar golpes desde ángulos inverosímiles. No son de tanteo o para sumar puntos ante los ojos de los jueces: todos buscan dañar.
Aunque no es una regla universal, porque el estilo lo puede practicar cualquiera, un boxeador de Cus suele ser más pequeño que el adversario. Acaso por esa necesidad de achicar distancia y ser siempre agresivo, el sistema parece adecuarse mejor al más bajito.
Cuando el estilo irrumpió, desafiando la ortodoxia del boxeo, la mirada despectiva de la cátedra le dio el nombre que al final perduró. Peek –a – boo (picabú), que hace referencia al juego que hace reir siempre a los bebés, ese de esconder el rostro propio detrás de las manos y hacerlo aparecer sorpresivamente. Acá está, acá no está, Peek a Boo, a eso parecían jugar sus boxeadores visteando y yendo siempre adelante, la carita atrás de las manos.
El estilo se perfeccionó en los años cincuenta y tuvo su primer campeón mundial, Floyd Patterson, quien heredó la corona de Rocky Marciano e hizo algunas defensas, ganó y recuperó el título pero no pudo establecer un legado perdurable: noqueado dos veces por Sonny Liston y opacado por la enorme figura de Alí, su nombre fue quedando olvidado en la noche de los tiempos.
Hubo otro campeón mundial, José Torres, y después cierto silencio. Cus siguió con su pasión y su trabajo formando boxeadores y entrenadores, hasta que en los ’80 un pupilo suyo volvió a poner todo patas para arriba: yendo siempre hacia adelante, el rostro escondido detrás de los guantes, apareció Mike Tyson.
Boxeo y literatura siempre han tenido un vínculo. Hay mucho para buscar en Jack London, en Hemingway, en Norman Mailer; más criollo y más cercano también hay, sobre todo en Julio Cortázar con Torito y La Noche de Mantequilla.
Pero la propuesta de hoy fue, precisamente, la contraria. Así que dejemos que el chico ítalo americano del Bronx termine su cuento. Leamos a un boxeador, leamos a Cus D’Amato.
Me senté en la acera y pensé para mí mismo: ‘¿Cómo diablos me metí en este lío?’ A decir verdad, estaba asustado. Toda mi vida, cuando me enfadaba, había luchado. Estaba luchando contra hombres adultos cuando tenía catorce años, pero ahora digo: ‘Dios mío, ¿qué me pasa? Tengo que estar loco para hacer esto. La próxima vez que algunos muchachos intenten hacerme pelear, pelearé con ellos primero. No tengo nada en contra de estos tipos irlandeses.
De todos modos, estoy sentado allí, realmente sudando. Levanté la mano, sentí el sudor en mi frente y supuse que era sangre, pero solo era sudor. Llegan las nueve y el chico irlandés no está. Las nueve y cuarto, el irlandés no está. A las nueve y media, sigo esperando, y la espera se vuelve cada vez peor porque este tipo estará allí y tendré que pelear con él.
Finalmente, a las diez, llega uno de sus amigos y dice que el irlandés está asustado y no vendrá.
Fue el momento más feliz de mi vida.
Para encontrar a Cus y sus enseñanzas, para ver a Floyd Patterson replicado en Mike Tyson, ahí les dejamos un link.


